Algunos formularios de contacto son los nuevos rollos de papel higienico

En las últimas semanas he leído bastantes post que hablaban sobre lo importantísimo que es tener un formulario de contacto en nuestra web o blog (y estoy totalmente de acuerdo). Algunos incluían plantillas; otros incluían ejemplos de formularios de contacto curiosos. Muchos de ellos hablaban de lo super guay que es tener un formulario “fuera de serie” y contaban también las bondades sobre el diseño, el texto, etc. Todo esto está muy requetebien. De hecho me he guardado alguno de esos artículos para ver si un día de estos cambio el que tengo en este blog porque es simplón a más no poder.

Y a medida que iban apareciendo más y más post sobre el asunto de los formularios de contacto no dejaba de pensar en la ironía que supone el que haya marcas y también plataformas “sociales”, que cuelgan estos formularios en sus páginas y blogs e incluso te animan a que los uses. Y ¿para qué? Para limpiarse el culo con ellos, digo yo. Vamos, que los tienen de papel higiénico 2.0, como dice el título de esta entrada. Porque por más que lo pienso, no le encuentro otra explicación. Ya que alguien se toma la molestia de rellenarlos y enviarlos, no habla muy bien de nosotros el usar estos formularios para limpiarnos las posaderas. De verdad que no.

En menos de un año podría contar aquí mi experiencia al respecto en varios blogs, webs y lo que para mí es peor, en alguna que otra plataforma supuestamente social. No voy a  entrar en detalles y tampoco voy a dar nombres porque no es mi estilo airear trapos sucios diciendo quién es el protagonista de tales palominos en los gayumbos. Pero imagino que a muchos de vosotros se os habrá puesto la misma cara de tonta que a mí tras el intento infructuoso de contactar con estos “escaparates 2.0”.

Y yo me pregunto, ¿qué pasa con la gente que hay detrás de estas páginas? ¿Es que les pone de alguna manera el contar con tropecientas intentonas ignoradas de contactar con ellos por parte de clientes y usuarios? ¿Es que forma parte de alguna moda que desconocemos el hecho de que no se molesten en responder? ¿O tal vez consideran que son demasiado importantes como para andar perdiendo el tiempo en contestar al “pueblo  llano”?

Ya sabéis  que me encanta comparar todo lo que proviene del paraíso 2.0 con el “mundanal ruido offline”. Así que vamos a ello. Imaginad que el jardín de mi casa más que césped lo que tiene son malas hierbas con raíces del tamaño y grosor de una zanahoria. Diréis que vaya ejemplo me he buscado, pero es que es la triste realidad de mi mal llamado jardín, al que a la vista está que hemos abandonado demasiado.

Vale. Ya estamos todos con la imagen en mente de mi penoso parterre. Ahora imaginemos que he decidido solucionar esta imagen tan casposa que ofrece lo que en tiempos fue un jardín, y quiero plantar un césped en condiciones. Y como no tengo ni idea de hacerlo y tampoco tengo ni tiempo ni ganas para ello, acudo a un “Garden Center” para exponer mi caso, para que me informen, y si me cuadra lo que me dicen, para contratar sus servicios. Me acerco a recepción y les cuento la peliculita de mi “huerto floral” sin ser interrumpida en ningún momento. Y de repente la persona que supuestamente me estaba escuchando, se levanta y se va; así, sin mediar palabra. Y no vuelve ni ella ni nadie de la tienda. ¿Qué pasaría? Pues en primer lugar se me quedaría la misma cara de boba que a mi querido Casillas cuando le meten un gol. Y después me entraría una mala hostia tremenda y querría poner una queja antes de quemarles el chiringuito. Pero claro, como no hay nadie de la tienda para darme la hoja de reclamaciones, me tengo que ir a mi casa y descargar stress arrancando yo misma los numerosos tubérculos y bulbos que han invadido mi vergel.

Diréis que soy una exagerada por la comparación, pero si lo pensáis bien, viene a ser más o menos lo mismo. Yo relleno uno de esos formularios online y lo envío porque tengo un problema con el servicio que ofertan, o porque quiero información sobre un determinado producto; y de mi intentona de contacto nunca más se supo.

¿Para qué pone esta gente entonces los formularios de contacto en su sitio web? ¿Para rellenar hueco? ¿Para adornar? Porque los adornos son, unos muy monos y otros no tanto, pero tienen en común que lejos de agradarnos la vista, sirven para más bien nada.

Seamos serios. Se nos llena la boca hablando de la importancia que tiene la Web 2.0. Y lo que supuestamente debería ser una comunicación bidireccional, lo convertimos muchas veces en una  forma de comunicarnos que ni los cavernícolas más primitivos. Señores: el papel higiénico se inventó siglos más tarde y la comunicación “a dos bandas” también. Hagamos un buen uso de todo ello. Los adornos, para el arbolito de Navidad.

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