Esta Mamá Noel tan guapísima (y tan hooligan) es mi hija, Amaia. Y como no podía ser de otra manera, el último post del año tenía que estar dedicado a la Navidad, o en mi caso más bien al poco espíritu navideño que suelo tener yo.

De la Navidad lo que más me gusta es el constante ambiente de juerga que se vive, especialmente en Cádiz: zambombás, villacincos rocieros, moscatel, fino… Quitando eso y alguna cosilla suelta, no soporto estas fiestas. Por un lado está la Banda Sonora de Navidad: los Villancicos populares cantados por niños con voz de pito. Se convierten año tras año en el tema central de las Navidades porque parece que todas las tiendas tienen el mismo y único Cd, con el que te martirizan sin ningún tipo de consideración.  Que sales de la tienda con ganas de romper panderetas en la cara del primero que te tosa.

Además parece que nos dan comisión por comprar regalos como posesos “pa to quisqui”, incluso para algún que otro indeseable al que lo último que nos apetece es regalarle algo diferente al carbón que le deberían traer los Reyes Magos por haberse portado mal con nosotros. Y siento desilusionaros si pensáis que a pesar de todo Sus Majestades le traerán carbón al miserable de turno, porque por segundo año consecutivo mi hija agotará las reservas de este mineral.

Luego está el tema de las comidas que se convierten en casi eternas. Las comidas de empresa, por ejemplo. Esas a las que muchos no querrían asistir pero que lo hacen porque al fin y al cabo es una extensión de la jornada laboral. El problema es que en esta comida tienes que poner buenas caras ante el payaso de la oficina que te cae como una patada en el culo, ante el pelota de turno, y ante un jefe al que usarías como saco de boxeo si tuvieras la oportunidad. Estas comidas de empresa no son muy diferentes de las comidas y cenas familiares. Porque este es otro caso en el que a no ser que tengas una excusa “a vida o muerte” no te puedes escaquear. Y te toca comer con familiares a los que sólo les ves el pelo en Navidad. A algunos cuando los ves incluso te cuesta “encajarles” en la comunidad familiar porque les has visto el día de tu boda y en el entierro del tío Juan y para de contar.  Y te encuentras con una estampa llena de sonrisas falsas, de esas que parecen sacadas del anuncio de Profident, que al mismo tiempo que te sonríen te dicen lo guapísim@ que estás y lo mucho que te han echado en falta. Y tú por lo bajini te estás acordando de su familia a la vez que sonríes también.

Y claro, como hay que aguantar el tirón, te das a la bebida de mala manera y acabas bebiéndote hasta el agua de los floreros.  Y es que son unas fechas en las que se promueve la hipocresía por cada rincón y esto no hace más que fomentar el consumo de alcohol. Porque ya que no tienes más remedio que aguantar estos marrones, por lo menos lo haces con unas copichuelas de más y así acabas deseando Feliz Navidad y Feliz Año a gente con la que ni siquiera cruzas una palabra el resto del año. ¡Qué triste!

Algo en lo que incurrimos sin querer es en las comparaciones. Tú montas un arbolito de tamaño Torrebruno, y le pones unos cuantos adornos y te parece que está muy cuco; y vas a casa de tu cuñado y … ¡zas! Te encuentras con que tiene un árbol que parece sacado de una peli americana. ¡Hombre! Eso no se hace. Parece que lo hacen a propósito para amargarte las fiestas. Y claro, ahí tienes otra razón más para darte a la bebida.

Y ¿qué me decís de lo malas que son estas fechas para los que estamos a dieta? Tú no quieres excederte y tu madre venga a meterte el turrón y los polvorones por los ojos. Y claro, como no te los comes se los guardan a los Reyes Magos para dejarlos en un platito junto a la copita de coñac para ellos y la de anís para los pajes; que no tienen más remedio que bebérsela para poder pasar los polvorones. ¿Es que no nos damos cuenta de que sus Majestades tienen que trabajar?  Porque si en cada casa les reciben así al final se agarran una castaña descomunal, y no es de extrañar que tú pidas una bici y te traigan un Nenuco.

También están las mentirijillas navideñas que les contamos a nuestros hijos. Por ejemplo eso de que Papá Noel baja por la chimenea. Que en mi caso porque mi hija aún es pequeña pero con lo espabilada que es, al año que viene me dirá: “¿Qué el gordito ese baja por la chimenea? Venga ya. Con esa barrigota cervecera se quedaría atascado” Y a ver qué le digo. Y hablando de niños. Qué manía tenemos los padres de hacerles sufrir innecesariamente. Vamos a un Centro Comercial y nos empeñamos en sentar a nuestro hijo en el regazo del Papá Noel que ha bajado por la chimenea de ese centro. Y el niño venga a llorar, y tú ignorando sus lágrimas y sacando fotos en plan paparazzi. Luego decimos que no maltratamos a los peques de la casa.

Podría seguir enumerando razones por las que soy un poco como el Grinch, pero entonces sí que nos darían las uvas. Y como a todo me gusta sacarle la nota positiva, si hay algo de la Navidad que me encanta es la cantidad de whatsapp (antes eran SMS) que recibimos con los mejores deseos para estas fechas de amigos, conocidos y toda la retahíla. Algunos son mensajes de esos pastelones (que me gustan, lo confieso). Pero otros hay que reconocer que tienen todo el arte del mundo. Y para muestra este botón que he seleccionado con los mensajitos que más me han gustado. Algunos son un pelín bruscos, pero tal vez por eso tienen toda la gracia.

– Desde la Dirección General de Tráfico queremos recordar que los que beben y beben son los peces en el río. Feliz Año Nuevo.
– Queridos Reyes Magos, este año por favor mandad ropa para todas aquellas pobres mujeres desnudas del ordenador de papá.
– Estoy vendiendo artículos de artesanía para Navidad. Hay pinos, lágrimas y bolas. Si me coges las bolas, te meto el pino y las lágrimas te salen gratis. Haz tu pedido con tiempo. Felices fiestas
– ¿Pero dónde estás? Te estamos buscando por todas partes. Tienes que venir enseguida. Eres demasiado importante y además… sabes muy bien que no se puede hacer el Belén sin el burro
– Después de 365 días me vuelvo a acordar de ti. Estás en mi móvil, pero no sé quién eres. Si me contestas, es que lo pasamos bien. ¡¡Feliz Año Nuevo !!
– Los mensajes en cadena son como un mal polvo. Al principio te hacen ilusión y al acabar intentas olvidar al autor… Espero que el nuevo año te traiga más… IMAGINACIÓN
– Que el duendecillo de la navidad esboce una sonrisilla en cada rincón de vuestro hogar, y si no lo hace le pegas una hostia bien dada, que para una cosa que le pides al año… Feliz Navidad
– Aviso a toda la población, el simulacro de paz y amor ha terminado. Guarden los langostinos, insulten a sus cuñados y disuélvanse
– Si la noche de reyes ves que Melchor se desnuda y se mete en tu cama…. Explícale que lo que pediste fue un VOLVO.
– Datos DGT muy preocupantes, afirman que 23% de accidentes de tráfico son provocados por consumo de alcohol. Eso significa que el otro 77% de los accidentes son causados por los que beben agua, zumos y refrescos. Al loro con los abstemios!!! Felices fiestas!!

Y luego están dos clásicos de la Navidad, que año tras año, y pese a sabérmelos de memoria, leo y escucho como si fuera la primera vez, y me caen unas lágrimas tremendas. Os recomiendo que no dejéis de leer uno y escuchar el otro:

– Organización de una cena de Navidad

Carta a Papá Noel, de los Gomaespuma

Y no quería despedirme hasta el año que viene sin desearos, a mi manera, una Navidad espectacular y un estupendísimo Año Nuevo. Y si al principio de este post navideño he mostrado lo que más me llena de orgullo, que es mi hija, ahora termino con una imagen que realmente me llena de vergüenza porque ha pasado un año más sin que yo aprenda Photoshop, y claro, a la vista está el churro que he montado. Pero la intención es lo que cuenta.

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