Querida hija:

Sé que aún eres muy pequeña para entender todo lo que te está sucediendo. Sinceramente, por más que intento ponerme en tu lugar, y aun creyendo saber cómo te sientes, la verdad es que es imposible adivinar con exactitud qué es lo que pasa por tu cabeza y qué es lo que sientes cuando día tras día sufres los crueles golpes que ya te está dando la vida. Y cada vez que me preguntas que por qué te suceden esas cosas, por qué algo y/o alguien te hacen sentir tan mal, lo único que puedo hacer es abrazarte fuerte para que aunque mami no te lo pueda explicar, por lo menos sientas mi infinito amor por ti y sepas también que siempre seré ese refugio en el que muchas veces necesitarás perderte.

Vida mía: hay cosas que mamá no puede explicarte porque con tu corta edad no lo entenderías. También hay muchas cosas que no quiero decirte porque al verte sufrir por ello, si te lo contara, no podría parar de llorar delante de ti por lo injusta que sé que es la situación en la que te encuentras. Y es que aunque yo sabía que podrías pasar por todo esto, nunca imaginé que sería con la edad que tienes y además de forma tan rápida a la par que dura. Al parecer la crueldad no hace distinción de edades.

Lloras desconsolada porque algunos niños de tu clase se ríen de las fichas o trabajos que haces en el cole, porque te dicen que eres una pesada, porque no quieren jugar contigo, porque incluso algunos de los que pensabas que eran tus amigos, ya no te invitan a sus cumpleaños. Me muero de pena imaginándote algunos días, tal y como me cuentas, al salir al recreo y preguntando a unos y otras si te dejan jugar con ellos y te dicen que no sin más miramientos. Afortunadamente tienes algunos amigos y amigas que las veces en las que te quedas solita en una esquina del patio acuden a “rescatarte”. Me encantaría poder cambiarme por ti para que no tengas que sufrir lo que creo saber que sientes cuando algunos niños te hacen ese vacío que tú no comprendes. Pero desgraciadamente, mamá no puede correr esta carrera por ti. Ésta es tu vida, ésta es tu carrera. Pero quiero que sepas, que mami estará siempre a tu lado para que cuando caigas, escuches siempre mi voz diciéndote: “¡Levántate y gana la carrera!”.

Me muero de pena cada vez que te oigo decir que no vales para nada, que todo lo haces mal, que siempre te equivocas… No mi vida. Tú vales muchísimo, haces muchísimas cosas bien;  y si te equivocas, lo bueno es que lo reconoces y así es como verdaderamente se aprende. Porque si a tu edad no sabes leer, escribir, o fallas con las matemáticas, también hay que reconocer que eres una niña muy creativa, te encanta ayudar a los que lo están pasando mal, eres extremadamente cariñosa, y eres una niña que puede conseguir cualquier cosa que se proponga; con esfuerzo, más deprisa o más despacio, pero al fin y al cabo cariño mío, TÚ VALES MUCHO y eso te lo tienes que creer aunque las circunstancias te hagan pensar lo contrario.

Ya sé que no entiendes por qué a veces algunos maestros no te hacen caso cuando acudes a ellos para quejarte de lo que alguien te ha dicho o te ha hecho. A mí me duele más que a ti saber que si te ignoran es porque, como ellos me dicen, te consideran una niña extremadamente pesada. Pero me duele aún más saber que a pesar de todas mis súplicas, ellos no quieran y/o no sepan reconocer que tienes problemas de atención e hiperactividad, que es lo que significa TDAH; esa palabra de la que muchas veces me oyes hablar con otras personas y de la que afortunadamente, de momento, desconoces su significado y todo lo que ello conlleva.

¿Quieres que te cuente un secreto, hija mía, que algún día sabrás? La verdad es que la inmensa mayoría de los maestros no estudiaron en su carrera lo suficiente para saber si un alumno tiene o deja de tener trastornos y problemas en ocasiones no tan fáciles de diagnosticar. Para eso están otro tipo de profesionales. Y éste es el motivo por el cual en los colegios hay “orientadores educativos” que en estos casos son los que entienden y además los que “tienen la sartén por el mango”. Son ellos los que deberían saber bien lo que es el TDAH; pero muchos de ellos (afortunadamente no todos)  prefieren no indagar más, a pesar de que tienen herramientas para hacerlo. Es más fácil negar una evidencia. Porque si no la negaran, tendrían que esforzarse en que tanto ellos como los maestros tuvieran que aprender sobre este trastorno, todo lo que conlleva, sus muchas consecuencias, qué es lo que se puede hacer desde el colegio para ayudar a ese alumno que tanto lo necesita… Tendrían que adoptar una serie de medidas que se salen fuera de ese mar en calma en el que algunos prefieren flotar.

Y ¡qué aburrido es un mar en calma! ¿verdad cariño? A las personas que prefieren esa tranquilidad, en lugar de un mar con oleaje, no les gustan los retos; pasan por la vida sin querer “saltar las olas”, porque al fin y al cabo hacerlo cansa, y mucho. Y es por ese motivo por el que prefieren cruzarse de brazos, seguir pensando que eres una niña que molesta demasiado, que eres “floja”; prefieren decirme a mí cuando les intento hacer ver la realidad que salta a la vista ante otros muchos profesionales, que “son cosas de niños” o que “otros niños también lo hacen” y otra serie de excusas que a veces incluso me ofenden. Porque si reconocieran que independientemente de la etiqueta, lo que haces y te sucede no es otra cosa que la sintomatología de un trastorno que algunos estigmatizan, entonces tendrían que ponerse manos a la obra para ayudarte; sobre todo, para que no fracases escolarmente. Y además, concienciarse ellos y a los demás niños que se ríen de ti y te dicen cosas crueles, de que TODOS SOMOS DIFERENTES, TODOS SOMOS ESPECIALES, TODOS SOMOS ÚNICOS.

Este es el lema que llevamos por bandera. Y esto es lo que con el tiempo, conseguiremos hacer entender a muuuuuuuuuuuchas personas. Mientras ese momento llega, quiero que sepas, que nunca dejaré de luchar para que se reconozcan tus derechos. Porque son tuyos, porque te los mereces y porque te quiero tanto…

Tranquila mi cielo. Mamá está aquí. 

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